Llegó en patera con 17 años y hoy trabaja en Murcia: «¿Por qué cuesta tanto entender lo que hemos vivido?

Llegó en patera con 17 años, sin saber nada de España ni una palabra del idioma. Hoy, con 20, su objetivo es ser camionero en la Región de Murcia y sueña con traer algún día a su familia. Esta es su historia, contada en primera persona.


Su nombre es Abou Belmaaziz y tiene 20 años, es de Argelia y vive en Puente Tocinos, Murcia. Como miles de menores extranjeros no acompañados que han llegado a España en la última década, cruzó el Mediterráneo sólo, en patera, sin que sus padres lo supieran. Hoy trabaja, paga un alquiler y llama a su madre todos los días. Entre medias hay un recorrido de kilómetros a pie, centros de menores, rechazos por su nacionalidad y una pregunta que repite varias veces a lo largo de la conversación: ¿por qué cuesta tanto que la gente entienda lo que hemos vivido para llegar hasta aquí?

Esta entrevista recoge su testimonio tal y como lo compartió, respetando su voz y su forma de contar las cosas.

«Estás solo en el mar y no hay nada para ayudarte»

¿Nos puedes contar cómo llegaste a España?

Vine en patera.

¿Cómo fue esa experiencia?

El mar es difícil, pueden pasar muchas cosas: si pierdes el control o el motor se rompe, estás muerto, estás solo y no hay nada para ayudarte. No puedes ser salvado. Un infierno.

¿Has visto a alguien morir?

Todos llegamos sanos y salvos, aunque fue una experiencia agobiante para todos.

¿Hablabais entre vosotros?

No hablábamos nada, todo era en silencio y todos pensábamos en lo que habíamos pasado, en lo que nos arriesgamos, en lo que dejábamos: la familia. Yo tan solo pensaba en mi familia, en mi padre y mi madre. Estás con tu padre y madre por la mañana y, de un día a otro, estás solo en el mar sin ellos, y ves cómo de repente te cambia la vida. Y es probable que suceda algo trágico y no puedas volver a verlos.

¿Ellos saben que estás aquí?

Sí, en cuanto llegué aquí los llamé y les dije que estaba bien, que estoy en España para mejorar mi vida. Los llamo todos los días; si no llamo, se preocupan.

¿Cuándo te montaste en la patera, ellos lo sabían?

Ellos no sabían nada. Tuve que tener el valor de adentrarse solo, porque en Argelia es muy difícil vivir. Aquí yo puedo estudiar, trabajar y ayudar a mi familia. Allí solo hay trabajo para llegar a tener poca comida, y no hay oportunidades para los jóvenes. Yo he visto a mucha gente sin trabajo, con estudios, y no hay nada: hasta los 28 años no consiguen su primer empleo. Hay un 40% que tiene trabajo; la otra parte, nada.


El futuro laboral de la juventud argelina se enfrenta a un panorama complejo. Los jóvenes, que representan el 14% de la población del país africano, están sufriendo de manera desproporcionada la falta de oportunidades: según los últimos datos del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el 29% de este sector se encontraba en situación de desempleo, una realidad que golpea con especial dureza a quienes residen en las comunidades rurales.

Esta problemática juvenil se enmarca en una crisis de empleo generalizada. Mientras que la media mundial de desempleo se situó en un 6,80%, Argelia cerró con una tasa del 11,43%, evidenciando una brecha que duplica los estándares globales.

El peso del petróleo y el gas

Detrás de estas cifras se esconde un problema estructural crónico: la extrema dependencia del país de los hidrocarburos. El petróleo y el gas representan más del 90% del valor de las exportaciones argelinas. Esta falta de diversificación económica actúa como un embudo que frena el desarrollo de nuevas industrias y bloquea la creación de puestos de trabajo estables y cualificados para las nuevas generaciones, que ven cómo el mercado laboral se estanca a la sombra del sector energético.


«Quiero tener una vida buena, aunque tenga que sufrir primero»

¿Esa decisión nació de ti o fue aconsejada por otra persona?

Fue tomada por mí. Siempre hay que seguir recto: yo quería un futuro para mí, quiero vivir mejor y no quiero sufrir sin tener oportunidades. Muchas veces he llegado a pensar que mi objetivo era superarme y obtener una buena vida, aunque tuviera que sufrir, pero ojalá llegue el día en que no tengamos que pasar por esas situaciones. Aquí encuentro trabajo y, poco a poco, encuentro mi lugar y mejoran las cosas.

¿Cómo superabas tus propios miedos?

Tan solo pensaba en buscar una vida mejor, y allí era peor. No hay ninguna cosa que sea fácil. Sobre todo el ver la felicidad de mi familia, por ver cómo su hijo está consiguiendo cambiar su propia historia, es lo más satisfactorio que te puedes llevar en tus bolsillos.

¿Cómo fue ese proceso de adaptación?

Salimos de la patera y llegamos a Almería, tras estar andando más de 40 kilómetros sin agua ni comida, buscando ayuda y a personas que estuvieran en nuestra misma situación. En mi patera había menores. Yo tenía diecisiete años.

¿Y llegaste a Murcia?

Me cogió la policía, me preguntó por mi situación y me dijo que debía ir a un centro de menores para aprender el idioma y tener un lugar donde dormir y comer. Pero yo quería buscarme la vida por mi cuenta. Aunque luego cambié de opinión y fui a Murcia para seguir buscando; tan solo llevaba 40 o 50 euros. Mi objetivo inicial era Madrid, pero llegué aquí. Me fui solo, iba preguntando a la gente, no tenía wifi ni sabía nada. Llegué a la comisaría de correos, en el centro de Murcia, y de allí me mandaron a La Era Alta, donde estuve 7 días; luego a Los Alcázares durante 5 meses, y finalmente me derivaron a Mazarrón.

«Generar comunidad es lo más importante»

¿Y llegaste a encontrar esa ayuda social?

Allí, la gente que estábamos en la misma situación nos hablábamos y buscábamos ayuda juntos. Me comentaron que preguntara en Cáritas. Me dieron dónde comer y dormir, y después me ayudaron a buscar una habitación.

¿Las personas de tu edad piensan igual?

Antes era más complicado buscar trabajo y nos apoyamos mutuamente. Ahora sí tenemos más recursos, todas las personas que necesitan un pequeño empujón, y hemos generado comunidades que nos apoyan y somos familia. Generar comunidad es lo más importante.

¿Cuál ha sido la mayor dificultad?

La mayor dificultad fue la falta del calor de mi familia, la rutina que tenía con ellos. Llamar a mi madre y llorar: ese es el dolor más grande, no poder tenerla cerca, y más una madre que no tiene el contacto en persona con su hijo. Espero que las personas no vivan con ese sentimiento de tener que romper tus raíces y llevarlas a otro lugar; ese duelo es doloroso e insoportable. Pero, como he dicho, hay que sufrir esto, porque mi objetivo es tener una oportunidad de vida.

«Nos rechazan y no sabemos por qué»

¿Has vivido alguna situación de racismo?

Sufrimos esta situación sobre todo cuando buscamos una vivienda para alquilar. Nos rechazan y no sabemos por qué. Nos hacen mandar toda la información, te llenan de ilusión pensando que por fin puedes dormir bajo un techo, con todo el esfuerzo que haces, y de repente te dicen que esa habitación ya está alquilada. Hice la prueba una vez en llamar con otro número al propietario, y nos dijo lo contrario: que estaba disponible. Nos engañó a pesar de estar todo en regla, pero siempre hay algo que no encaja: puede ser mi color de piel, mi forma de ser, mi procedencia o mi idioma, etc.

¿Has sufrido racismo callejero?

Como tengo trabajo, mi enfoque es respetar a la gente y que me respeten a mí. A mí directamente no me ha pasado, pero he escuchado muchos casos. Aun así, yo siempre voy con respeto por delante. Las personas que conozco a las que les ha pasado no han dicho nada, porque se sienten inferiores y saben que nadie las va a proteger. Piensan eso, y por eso tragan sin rechistar.

«Necesitamos que se cuenten más nuestras historias»

¿Cómo recibes los discursos de odio en los medios de comunicación?

En todos los países hay gente buena y gente mala, y tenemos que pensar como una sociedad unida. La gente mala no es necesaria, pero tampoco todos somos iguales, ni mucho menos tenemos las mismas historias. Hay que compartir más nuestra realidad para que se comprenda todo lo que hemos vivido y pasado para llegar a tener un trabajo y una tranquilidad económica.

¿Crees que las redes sociales deberían mostrar más vuestras historias?

Muchas de las cosas que quiero escuchar es que esas personas de mi comunidad no se rinden ante una adversidad, a pesar de las consecuencias de la exclusión social y vivir en un país donde no conoces ni el idioma ni las costumbres, muchas veces te sientes muy solo. Si hubiese más oportunidades para intentar sacar de la exclusión a esas personas —que no siempre son de nuestra comunidad—, mejoraría. Pero no puedes señalar como mala gente a quien necesita buscarse la vida porque no tiene nada, siempre y cuando respete a las demás personas.

Muchas personas necesitan ver o escuchar nuestra perspectiva. Necesitamos más discursos que se centren en estos temas sociales, y no que los eviten o los señalen como algo malo.

«Mi sueño sería encontrar un trabajo mejor y ayudar a mi familia»

Y por último, ¿Cómo llevas el cambio en relación con la regularización?

Nos da una oportunidad para conseguir un trabajo seguro, para ser personas con derechos. Muchos de mis compañeros ya pueden tener un contrato en condiciones, sin verse explotados ni engañados. Mi sueño sería encontrar un trabajo mejor y ganar dinero para sostener a mi familia y ayudar a este país. Me gustan mucho los camiones, y ese es mi objetivo. Soy joven, pero con todo lo que he vivido tengo mis ideas claras. Ahora mismo estoy enfocado en ser camionero, y estoy a gusto.

Muchos necesitamos aprender cómo son los procesos para conseguir las cosas, conocer gente y crear comunidad. Creo que esa es una solución para sentirnos integrados y tener menos trabas sociales: remarcar las experiencias buenas de las personas y que haya una representación nuestra, para poder decir «si él lo ha conseguido, yo puedo hacer mi camino».

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